MUVI - Museu Virtual de Artes Plásticas
Primoz Bizjak
Sarajevo - Grahovo - Krajina
2004/2006
Outros trabalhos de
Primoz Bizjak
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Outros artistas no MUVI

Primoz Bizjak nasceu em 1976 em Šempeter pri Gorici, Slovenija.

Estuda Belas Artes na Universidad Complutense de Madrid e na Academia de Venecia, onde se licencia en 2004.

Participa de diversas exposições em vários países europeus, entre as quais se encontram Gemini Muse 2004 (Museo Navale di Venezia), Forte Marghera (Candiani, Mestre), Photoespaña 2006 (Galeria Begoña Malone) e 50 e 51 edições da Bienal de Veneza. Suas fotografias estao incluídas em várias coleções públicas e privadas.

Atualmente vive e trabalha em Madrid e Veneza.

 

 

 

 

 

Currículo


Dom kulture n1

Grahovo n1. 2006.

Grahovo n2

Grahovo n3.

Grajovo n4.

Krajina.
2004

Krajina
2006

Sarajevo n1
2004

Sarajevo n2
2004

Sarajevo n3
2004

Sarajevo n4
2006

Sarajevo n5
2006

Sarajevo n6
2006

Sarajevo panorama

Sarajevo1A

 

Primoz caminha pela vida com uma serena mirada azul, porém os olhos de sua mente tem o dom de ver, em todo momento, algo mais além do que o imediato, da simples superficie. Ainda contando com a suave dúvida da incerteza que subjace de forma quase lacerante em todo fotógrafo, Primož é capaz de projetar seu olhar interno para, se não penetrar, sim dobrar, marcar a membrana elástica dos sonhos, dessa zona visualmente inacessível que os materiais fotosensíveis, em muitas ocasiões nos permitem assimilar de forma parcial.

Primoz não se conforma com sonhar, com fazer grandes fotos, como fazem uns poucos artistas, mas sim é capaz de fazer fotos enquanto sonha, quem sabe com os resultados, porém provavelmente, com o que as largas exposições necessárias para criar grande parte de suas imagens lhe permitem intuir na vasta abóboda do que nesses instantes, nessas horas, é o centro de sua solidão ainda que seja compartida. E ele, tanto se tratando do firmamento depositário das constelações, como do firmamento que este autor é capaz de construir em torno de sí, e de compartir com seus seres queridos, no mais humilde dos espaços.

Valentín Sama
Março de 2002


Para un fotógrafo, Venecia puede ser una trampa o una cáscara de platáno. Es fácil caer en lo superficial, en lo cursi, en el 'dèjá vu'. Es por este motivo que Primož Bizjak ha decido descubrir y revelarnos, a través de la fotografía nocturna, otra Venecia, que no conocemos. Pero de nuevo no es la Venecia de los reflejos sobre el agua o de los claros de luna, sino más bien una ciudad con obras, con intervenciones de limpieza y manutención de los canales. Y esta elección no ha sido dictada por las ganas de ser extravagantes, sino del deseo de utilizar la fotografía aprovechando una de las características que la convierte más penetrante en la oscuridad con respecto al ojo humano: la capacidad de "sumar" la luz en las largas exposiciones registrando sobre la emulsión fotosensible formas y colores que nuestra vista no percibe, o percibe de forma diferente. De aquí nace el placer o la sorpresa por revisualizar, por revalorizar detalles de la ciudad a los que si no prestaríamos poca atención o descartaríamos por su escasa calidad visual.

En todo el trabajo un rol determinante es el representado por el uso de la cámara de gran formato cuyas modalidades operativas condicionan fuertemente también la actitud mental del fotógrafo. El lugar se escoge con tranquilidad, el encuadre estudiado y sopesado sin prisas, la exposición calibrada y realizada aprovechando la hora más oportuna, a veces una en la que una residual luz diurna se suma a la artificial. Los tiempos de ejecución son lentos, meditados y todo lo que se refleja inevitablemente en el trabajo resulta "ordenado", aunque lo que represente sea el desorden. Por lo que respecta a los colores, son el resultado de la lucha de Bizjak con la oscuridad de la noche, que para el ojo humano apaga y esconde, pero para la película desvela, sorprendiéndonos. En esta pesquisa nocturna a la fotografía le falta la capacidad de registrar el hedor del agua podrida y estancada y el ruido de las bombas hídricas: la escena está registrada en una dimensión poética y estética que transforma la obra en un "espléndido desorden". De nuevo aceptamos de buena gana las mentiras que la fotografía nos cuenta.


Guido Cecere
Primavera 2003


Fotografiar la frontera
Notas sobre el trabajo de Primoz Bizjak, Karavle 2004-2005

La geografía europea ha cambiado de forma radical desde 1989. No sólo por los nuevos estados que surgieron a raíz de la caída de la Unión Soviética, sino también por la secuencia de separaciones más cercana a nosotros, de forma incruenta en el caso de Checoslovaquia, y cruenta en el caso de ex-Yugoslavia. El prefijo ex podría ser definido como el signo de una Europa profundamente diferente. La ex-Europa tenía unas fronteras que sobrepasaban el continuum natural, a menudo también el histórico y social, definiendo unas áreas de extraterritorialidad militar, es decir zonas en las que la vida civil estaba sometida a rígidas normas de vigilancia. Un límite militar, como el antiguo pomerium, necesitaba zonas de impenetrabilidad a sus dos lados, creaba una función basada en la suspensión de las normales funciones civiles.

La frontera al este, para Italia, era la más intensamente militarizada tanto en su vertiente occidental como en la oriental. Gran parte de esa línea que dividía Friuli de Eslovenia atraviesa un territorio de gran belleza natural y de relativa escasez de población. La función militar, como paradoja, atribuía de todas formas una función al ambiente natural (áreas de protección armada) y también a la escasez de población. Ahora, con la falta de aquella, a menudo única, función, se da un ulterior proceso de abandono de amplias porciones de territorio. Un ex-límite militar asigna al territorio en sí una dimensión suspendida, una tierra de nadie que ya no tiene la función de observar mejor y amenazar a todo el que se acerque, sino que sencillamente cae en el olvido, en el vacío funcional de una Europa que ya no existe.

Las fronteras militares privadas de función, son devueltas no sólo o no tanto a la acción de la naturaleza, sino a una más lenta y discreta acción de nueva colonización por parte del hombre, y por tanto de la sociedad civil. El trabajo de Primoz Bizjak, es probablemente uno de los trabajos más atentos y sensibles que haya sido realizado a lo largo de una línea de confín militar. Las transformaciones radicales europeas se apoyan sobre unas específicas manufacturas arquitectónicas: las que materialmente hospedaban al personal de la armada nacional yugoslava (no hubo casi nunca militares de origen esloveno en la frontera italiana). La gran historia se traduce en el detalle, se refleja con precisión, en las denominadas 'karavle'. Se convierte en microhistoria, y un fotógrafo atento construye una extraordinaria narración visual, de lo que sucede en un ex-límite militar que partía de los Alpes, de la zona del triangulo ítalo-austríaco-esloveno y llegaba hasta el Adriático, cerca del Golfo de Trieste.

La secuencia de fotografías, rigurosas, realizadas por quien ha interiorizado bien la lección minimalista y analítica de la gran fotografía contemporánea, sobre todo la de Bernd y Hilla Becher, muestran lo que ha ocurrido y sucede todavía con las 'karavle': distintos niveles de abandono y de la imparable acción de la naturaleza, la reutilización de los edificios para las funciones ahora completamente desarmadas de la sociedad civil, (casas, algún local). El módulo arquitectónico es el mismo, formando parte de un ex-sistema militar; mismo el análisis fotográfico que muestra unos setenta 'karavle', todos los existentes en la frontera ítalo-eslovena. Siempre diferente es, en cambio, como aparece cada uno de esos mismos edificios, a veces tan derruidos que no queda más que una muestra de muralla. Pero no hay selección, basada sobre las condiciones de la manufactura, o sobre su tamaño. Se trata de construir un repertorio, la situación de una línea fronteriza: qué queda después de la caída de lo que motivaba su existencia. La historia se convierte en microhistoria: es a través de esta última que emerge la Europa de nuestros días. No tanto la institucional, sino la concreta, que se traduce en la restauración de un techo, en el abrir una puerta. En el hacer una foto sin que resuene en el aire ninguna amenaza.

Riccardo Caldura
Octubre 2005


Nací en un país que se llamaba Yugoslavia. Cuando tenía ocho años fuimos organizadores de los juegos olímpicos invernales en Sarajevo. Recuerdo el entusiasmo que había en nuestra escuela cuando Jure Franko, que era de mi ciudad, ganó la medalla de plata. No mucho mas tarde la geografía europea cambió radicalmente. En nuestro caso todo empezó en 1991, el dia que acabé la escuela elemental. De repente dejamos de ser hermanos.

Los eventos que ocurrieron primero en Eslovenia, luego en Croacia, Bosnia, Kosovo y Serbia los tenemos todos más o menos claros. Fueron uno de los temas principales de los medios de comunicación durante varios años, y no es mi intención explicarlos y hablar de ellos. Lo que presento es un trabajo sobre lo que queda en el día de hoy de esta »célebre« ciudad que hospedó las olimpiadas. No sólo de la ciudad sino también de vastas regiones de pueblos en algunas ex-repúblicas de la antigua Yugoslavia.

Como en el caso de Bosansko Grahovo, que hoy es una ciudad "fantasma" pero hace años en Yugoslavia era un centro importante de la región. Entre las ruinas de la ciudad, que fue quemada completamente, se encuentra "Dom Kulture Gavrilov Princip" (Centro Cultural Gavrilov Princip). Fue construído en el país natal y en honor al hombre que el 28 junio del 1914 asesinó al archiduque Francisco José (heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro) y fue la chispa que provocó la Primera Guerra Mundial. Después de menos de un siglo y tres guerras la ciudad quedó deshabitada, pero repleta de recientes monumentos a los nuevos héroes.

La misma suerte tocó a muchísimos pueblos, regiones enteras que todavía siguen vacías, o casi. Los jóvenes no vuelven porque no hay nada, no hay escuelas, fábricas... Los pocos que han vuelto son los ancianos. A estos últimos, las ayudas internacionales, o de los mismos que quemaron su pueblo, cubren los techos de las casas destruídas. En la mayoría de los casos son rehabilitaciones muy modestas, que cubren sólo una parte del edificio, pero es suficiente para dar hogar a dos ancianos.

No es un trabajo que tiene pretensiones políticas, nacionalistas o indentificar a los "malos".Es simplemente poner la cámara delante, intentar hacer un fotografía "objetiva". Aunque creo que a nosotros, a quienes la guerra no tocó, o lo hizo solo parcialmente es difícil comprenderlo.

En todo el trabajo, un rol determinante es el representado por el uso de la cámara de gran formato, cuyas modalidades operativas condicionan fuertemente la actitud mental del fotógrafo. El lugar se escoge con tranquilidad, el encuadre es estudiado y sopesado sin prisa, la exposición calibrada. Los tiempos de ejecución son lentos, meditados y todo lo que se refleja en el trabajo resulta inevitablemente "ordenado" aunque lo que representa es el desorden.

Una parte de trabajo esta hecho de noche, aprovechando una de las características de la fotografía que la hace más penetrante en la oscuridad, respecto al ojo humano: la capacidad de "sumar" la luz en las largas exposiciones, registrando sobre la emulsión fotosensible formas y colores que nuestra vista no percibe, o percibe de forma diferente .

Primoz Bizjak

1 - Guido Cecere sobre el trabajo de Venezia, 2003

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